Domingo 25 de Agosto de 2019

 

Jesús González

El ser humano siempre vive con antagonismo: el bien y el mal; los mexicanos no son la excepción, así nos lo cuenta Sin Luz, Mercado de Sonora, obra dancística que confronta, sin lugar a duda, al espectador con las creencias que la sociedad y la religión le han impuesto, por lo que es una pieza que vale la pena apreciarla para redescubrir nuestros sentimientos hacia la muerte, a lo desconocido, al misterio de lo que habrá más allá de nuestras fronteras humanas.

Con un gran atino, el director de esta puesta escénica, Javier Navarro nos muestra la fe de los mexicanos y la forma en que sus creencias han hecho de la vida una realidad confabulada de ideales y exhibe, a través de un ambiente místico y religioso, las conjeturas espirituales creadas con devoción, a través de los años que nuestros antepasados vivieron después de la conquista española.

“Inspirados en las nueve lumbreras del Mictlán o nueve regiones del inframundo, concebimos un mundo paralelo relacionado con los pasillos del Mercado de Sonora, espacio emblemático de la Ciudad de México”, nos cuenta Javier Navarro; lugar que para los mexicanos es un centro de reunión de lo místico, donde nuestras creencias nos llevan a buscar respuestas para terminar con una brujería o buscar algo que nos ayude a combatir la mala suerte o encontrar al amor de nuestras vidas.

A lo largo de la obra dancística, que tuvo una corta temporada en la NaBe, en la Ciudad de México, durante octubre de 2018, apreciamos el buen manejo de la liturgia literaria, de las luces, las sombras, de la experiencia de dos bailarines que representan un par de almas que llegan al inframundo, así como a una imagen etérea, símbolo de lo divino, lo celestial, a quien a pesar de prometerle ir a su centro de devoción de rodillas, por un milagro, no siempre nos lo concede, sin embargo, insistimos en venerarla, porque es la “madrecita de todos los mexicanos”.

La piel se nos enchina al escuchar los acordes tenebrosos que nos hacen recordar el arrastre de cadenas, cuando una figura oscura e imponente se aparece; es ella, la Santa Muerte, quien dueña de la situación aparece para decirnos que a pesar de que en vida nos hayamos portado bien, nos llegó nuestra hora, una hora marcada desde nuestro nacimiento.

Sentimientos encontrados surgen cuando todo queda a oscuras, nadie dice nada, pero todos recordamos esa cita a la que no llegaremos tarde, y es en ese momento que la creatividad de Javier Navarro, autor y director de Sin Luz, Mercado de Sonora, nos cuenta que todos los mexicanos al llegar a los caminos del Mictlán viven el desprendimiento de sus pensamientos o dogmas, dejando al final un sendero definido por recuerdos que desaparecen conforme avanzan hacia el más allá.

Con pocos elementos, pero de manera creativa, el director de esta puesta logra recrear el Mercado de Sonora, espacio de comercio muy popular en la Ciudad de México, donde acuden muchos mexicanos para curar sus males de amor, deshacerse de la mala suerte, comprar imágenes religiosas o adquirir animales vivos para ofrecerlos en rituales para la Santa Muerte u otros ritos páganos; carga emocional de la que muchas personas no nos podemos deshacer.

  


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