Sábado 23 de Marzo de 2019

 

En las calles de Coliseo Viejo y del Espíritu Santo (hoy 16 de Septiembre e Isabel la Católica), se encontraba el hotel y café de La Gran Sociedad, así como el Portal del Águila de Oro, donde se alojaban los establecimientos de libros viejos de la capital mexicana; en este sitio, entre los años 1898 a 1900, se edificó la Casa Boker, que albergó una ferretería más en la Ciudad de México; sus diseñadores fueron el Arq. Theodor de Lemos y la compañía Cordes Arquitectos, por su parte, el mexicano Gonzalo Garita realizó la estructura del inmueble, que fue traída de Chicago, Estados Unidos.

El señor Roberto Boker, propietario de este inmueble, quien llegó a México en 1865 procedente de Alemania, al ver el éxito que tuvo con esta ferretería, donde los mexicanos encontraban desde fuetes para cocheros, carros de caballos, autos de vapor, hasta carros de bomberos, compró los dos edificios anteriores y fundó su tienda que hasta hoy pertenece a dicha familia.

La Casa Boker fue una de las primeras construcciones que se edificaron en México bajo el sistema Chicago; de estilo ecléctico, presenta en su fachada principal dos columnas de granito de Nogales, Sonora, posee amplios escaparates, está cubierta de cantera de Pachuca, Hidalgo y es rematada por un torreón que corona la esquina. Además de lo anterior, es importante destacar la crestería de lámina de latón que remata la fachada, los balaustres, las guirnaldas, las cornisas y relieves decorativos, los cuales dan testimonio de la calidad arquitectónica porfirista, que, a más de cien años, sigue en pie.

El Arquitecto Gerardo Guízar, profesor de la UNAM, comenta la anécdota que ocurrió en la ceremonia de inauguración de este edificio, realizada por Porfirio Díaz: “como un homenaje a México, los arquitectos neoyorquinos no consideraron indigno colocar en la entrada principal el escudo nacional, realizado con brillantes mosaicos de colores sobre el piso del vestíbulo; Porfirio Díaz, al momento de cortar el listón y ver el emblema, indignado, simplemente lo rodeó y no pasó sobre él; al día siguiente, el dueño de la casa mandó a quitar ese magnífico adorno, colocándolo en uno de los costados, pues entendió el mensaje que el presidente le dijo con la mirada y su actitud de irritación”.

Durante el siglo XX este inmueble se convirtió en uno de los centros comerciales más importantes del país; en la actualidad aún se venden diversas clases de herramientas, además alberga una sucursal de la cadena Sanborns.


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