Sábado 21 de Septiembre de 2019

 

Jesús González

En la caída de México-Tenochtitlan en 1521, muchas batallas existieron entre los ejércitos aztecas por un lado y el español por el otro, el cual estaba compuesto mayoritariamente por indígenas quienes se aliaron con los señores de Cempoala, Texcoco y Tlaxcala.

El episodio final fue el sitio de México-Tenochtitlan, batalla que marcó la caída del Imperio Azteca y el nacimiento de lo que sería el México mestizo de hoy y que marca el final de la primera etapa de la unión del mundo europeo y el mesoamericano.

El fallecido Arq. Jorge Donat Rivera, doctor en Restauración y profesor de la FES Aragón, habla de este hecho, que, en su opinión, fue una destrucción para la humanidad.

“Eran tiempos de constante cambio, el imperio mexica, tan fastuoso tenía contados sus días; en aquel entonces a Moctezuma Xocoyotzin, emperador azteca, le tocó la prueba más pesada de la historia azteca, pues tenía que defender ese reino, que en un principio era un islote árido, deshabitado y con pocas posibilidades de existencia; a él le correspondía la encomienda de salvar ese señorío que se mantenía gracias al sojuzgamiento de otros pueblos más débiles, que ya no veían con buenos ojos a sus verdugos, él lo sabía, lo presentía y no podía hacer nada hasta no conocer quiénes acabarían con la herencia de sus antepasados”.

Donat Rivera afirmó que Moctezuma envío a sus tlacuilos al puerto de Veracruz para que lo mantuvieran informado de los nuevos personajes que pronto arribarían a tierra firme, estos mensajeros quedaron sorprendidos de los hombres blancos y barbados que vestían ropas extrañas y que vivían en “casas que flotaban en el agua”; el emperador mexica ordenó a sus emisarios entregar al capitán extranjero presentes de oro, jade y plumería, lo cual despertó aún más la ambición de los peninsulares, por lo que buscaron un traductor que les indicara el lugar de ese reino tan rico que se imaginaban.


Hernán Cortés encontró dichos intérpretes en la esclava maya Malitzin, quien sabía el dialecto náhuatl, y en un español que llegó antes a Yucatán, Gerónimo de Aguilar, quien aprendió esta lengua; ambos personajes pusieron al tanto al peninsular recién llegado a tierras mexicanas, quien enterado de lo necesario se dirigió con sus hombres en busca de la maravillosa ciudad lacustre.

En su avance por el territorio mexicano, explicó Jorge Donat, los españoles conocieron diversos pueblos que estaban sujetos a las condiciones de los aztecas; en voz de esos habitantes, Cortés y sus hombres escucharon asombrosas historias de Tenochtitlan, que incrementaron sus ambiciones de poder y riqueza; conforme avanzaban, los tlaxcaltecas y los huexotzincas se unieron a sus huestes, para que con esa alianza pudieran librarse del yugo que los gobernantes mexicas tenían sobre ellos.

Finalmente, los españoles, acompañados por sus nuevos aliados, se detuvieron en Tlamacas (Paso de Cortés), donde pudieron observar la magnitud y belleza de la ciudad lacustre, quedando maravillados por esa mítica ciudad de la cual habían escuchado tantas descripciones, y ahora podían comprobar que realmente era una metrópoli que asombraba a todo el que la observara por primera vez.

El 8 de noviembre de 1519 fue un día fatal para los aztecas, pues no pudieron detener el avance de los hispanos, quienes ya estaban distribuidos por la ciudad; para esta acción “cerca del bastión de Xólotl, en algún tramo de la calzada de Iztapalapa que unía a México-Tenochtitlan con tierra firme, el tlatoani Moctezuma recibió de buen modo a Cortés y a sus hombres, que en poco tiempo destruirían a su imperio y a su gente”, reseña el Códice Durán.

Una vez que los españoles estuvieron dentro de la ciudad, se dedicaron a buscar el tesoro de la realeza, sin embargo, Cortés tuvo que regresar a las costas veracruzanas para enfrentar la expedición que Pánfilo de Narváez estaba por realizar en México. Pedro de Alvarado se quedó al frente de la ciudad, pero su ambición lo condujo a sitiar a la nobleza mexica en el recinto amurallado del Templo Mayor, donde dio muerte a un gran número de guerreros desarmados, esto provocó que el pueblo azteca se levantara en pie de lucha; Moctezuma no estaba ahí, unos dicen que fueron los españoles, quienes al ver que el emperador ya no podía controlar a su gente, lo mataron, otros opinan que fue su pueblo quien acabó con él, arrojándole una piedra en la frente.

Cuando Cortés llegó de nuevo a la ciudad de Tenochtitlán, muchos de sus hombres habían muerto a manos de los furiosos aztecas, y sus cabezas decoraban los tzompantlis; el español quiso poner orden de nueva cuenta, pero fue derrotado por el joven guerrero Cuitláhuac, quien sustituyó por breve tiempo a Moctezuma; de esta forma Hernán Cortés tuvo que salir huyendo de la urbe azteca.

En esta escapatoria, que se produjo al amparo de la noche, los españoles fueron atacados por los indígenas, quedando muchos de los ibéricos muertos en la orilla del lago; este hecho es conocido como “la noche triste” para los hispanos, porque para los mexicas fue un breve lapso de victoria; el suceso ocurrió el 30 de junio de 1520.

Pero Cortés no se dejó vencer y en Tlaxcala preparó a sus huestes y salió con ellos rumbo a Texcoco, donde organizó su última batalla por tierra y agua contra la ciudad lacustre de Huitzilopochtli.

Los ejércitos mexicas encabezados por el nuevo tlatoani, Cuauhtémoc, fueron vencidos luego de una heroica resistencia, que culminó con la toma y destrucción de Tenochtitlan y su gemela Tlaltelolco.


Los españoles, no conformes con su victoria, incendiaron los templos de Tláloc y Huitzilopochtli; con esta acción, sostuvo el Arq. Jorge Donat Rivera, buscaron destruir la identidad de los mexicas, todos sus valores e imponer la suya.

“Fue una desgracia para los mexicanos y para la humanidad saber que toda la grandeza de este pueblo, que tardó tantos años en formarse, en poco tiempo y con el efecto de las enfermedades, las armas de fuego, los caballos y el miedo que los indígenas tuvieron a Cortés por confundirlo con Quetzalcóatl, se haya reducido a cenizas.

El sueño de los hispanos se cumplió en 1521, dejando tras de sí las calles antes limpias (por donde se paseaban orgullosos sus habitantes) cubiertas con cuerpos sin vida, sucias y malolientes; los canales se tiñeron de rojo y la ciudad más hermosa de la región, con sus mujeres, niños, hombres y ancianos despojados de su tierra, entró en decadencia; sin embargo, dio paso a una nueva metrópoli, que se edificó sobre la ya muerta Tenochtitlan.

Aquella águila que los aztecas vieron cruzar el cielo con su imponente belleza, cayó herida de muerte y no pudo levantarse más.